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Las elecciones, el futuro y la necesidad de la izquierda soberanista y aliada con el Sur Global

Carlos Martínez /
PRESIDENTE DE SOBERANÍA Y TRABAJO

Las elecciones, el futuro y la necesidad de la izquierda soberanista y aliada con el Sur Global

Carlos Martínez presidente de Soberanía y Trabajo

Estas elecciones se celebran ante un panorama cada vez más negro para la Unión Europea. Las calles están levantadas en Francia, Albania y Rumanía; hay protestas importantes en Italia, España, Portugal, Bélgica y Alemania. Todo ello señala el hartazgo social con las políticas neoliberales, los recortes sociales y las privatizaciones. Solo las multinacionales y los ricos han sacado tajada de una Unión Europea que suma ultra-liberalismo, capitalismo verde y sumisión a las élites anglo-americanas. Que los agricultores, pescadores, autónomos y pequeños comerciantes se arruinen da igual: esta ruina favorece a las oligarquías patrias y a sus aliados de la anglosfera. Que los salarios pierdan fuerza y se devalúen a causa de las guerras contra Rusia, contra Irán y, por tanto, contra el Sur Global, cuenta incluso con el placet de la izquierda woke, liberal y postmoderna, que vende sus esencias e ideales por el plato de lentejas del identitarismo, de políticas de género que no son de igualdad ni de liberación ni defienden la vida de las mujeres maltratadas y de las batallas culturales liberales. No es lucha de clases: es lucha urbana de élites urbanas, pero de la capital.

Las oligarquías están tranquilas de cualquier forma, salvo por el control geoestratégico de los estrechos y las materias primas. Están tranquilas porque o bien apoyan a las derechas y a las extremas derechas trumpistas a las que financian, o bien, vía Soros y sus ONGs, este se encarga de domar y guiar a las izquierdas engreídas. En Occidente, la banca nunca pierde. El problema es cuando los pueblos se lanzan a las calles. Por eso la cuestión no es no ver o criticar por criticar para demostrar que uno es el mejor, sino construir. Construir la alternativa que haga ver que el futuro no lo pueden construir los que han fracasado, y la UE es un fracaso para los pueblos. Se puede buscar la unidad sin renunciar a la soberanía de los estados. Se puede hacer y construir socialismo en democracia que aúne los intereses populares y de las clases trabajadoras y vuelva a poner encima de la mesa la reindustrialización, la defensa de lo público, la soberanía alimentaria y la paz: la paz con el Sur y la colaboración fecunda con el 83% de la humanidad, en lugar de huir del verdadero debate, que es el derecho a una vida digna frente al falso patriotismo de unas derechas vendidas al sionismo y a los intereses de los EE.UU. y de unas izquierdas controladas por poderes liberales extranjeros igualmente. Las personas jóvenes merecen el socialismo y merecen un mundo de soberanías solidarias y en paz, y no capitalismo verde por reparto de la riqueza.

El marco: una UE que se descompone

No nos engañemos con las lecturas superficiales. Lo que estamos viendo no es un simple ciclo de malestar, sino la descomposición de un proyecto que nunca fue pensado para los pueblos. La Unión Europea nació como un mercado, se consolidó como un espacio de disciplina fiscal y ha terminado como un instrumento de subordinación geopolítica a Washington. Sus tratados consagran la primacía del capital sobre el trabajo, la independencia del Banco Central frente a cualquier mandato social y la imposibilidad de que los Estados decidan sobre sus propios recursos energéticos, industriales o alimentarios. Cada vez que un gobierno intenta aplicar una política mínimamente redistributiva, se topa con el marco de estabilidad, con las reglas de competencia o con el semestre europeo. La jaula es jurídica, pero también material.

Por eso la cuestión no es solo “reformar” Europa. La cuestión es si tiene sentido seguir dentro de un marco que hace estructuralmente imposible la reindustrialización, la defensa de lo público, la vivienda social y la paz. La respuesta de Soberanía y Trabajo es clara: no. La salida de la UE no es un capricho identitario ni una nostalgia; es una condición material para recuperar la capacidad de decidir. Sin soberanía no hay política social posible; sin salida, no hay margen. Y quien niegue esto, aunque se llame de izquierdas, está condenando a los trabajadores a gestionar su propia decadencia.

La izquierda que no construye

Hay una parte de la izquierda que ha hecho de la crítica un espectáculo. Se critica a la UE, sí, pero sin extraer consecuencias; se critica el belicismo, pero se vota los presupuestos de defensa; se critica el neoliberalismo, pero se acepta su marco institucional. Esa izquierda no construye, solo se contempla. Y mientras se contempla, las oligarquías siguen tranquilas: tienen a las derechas trumpistas financiadas y a las izquierdas engreídas domesticadas por ONGs y fundaciones. En Occidente, la banca nunca pierde. El problema para ellos es cuando los pueblos se lanzan a las calles; por eso la tarea nuestra no es la denuncia estéril, sino la construcción de una alternativa con raíces, con organización y con programa.

La alternativa: soberanía, clase y Sur Global

La alternativa que defendemos tiene tres patas. Primera, soberanía: recuperar la capacidad de decidir sobre industria, energía, alimentación, fronteras y política exterior. Segunda, clase: volver a poner en el centro los intereses populares y de las clases trabajadoras, frente al identitarismo de élites urbanas de grandes ciudades, que ha sustituido la lucha por la igualdad por batallas culturales liberales. Tercera, Sur Global: abandonar la subordinación a la anglosfera y construir una colaboración fecunda con el 83% de la humanidad, en lugar de participar en guerras contra Rusia, contra Irán y, por tanto, contra el Sur.

Eso significa reindustrializar, defender lo público, garantizar la soberanía alimentaria y trabajar por la paz. Significa buscar la unidad sin renunciar a la soberanía de los estados, porque se puede hacer y construir socialismo en democracia que aúne los intereses populares. Significa rechazar el falso patriotismo de unas derechas vendidas al sionismo y a los intereses de EE.UU. y el de unas izquierdas controladas por poderes liberales extranjeros. Las personas jóvenes merecen el socialismo y merecen un mundo de soberanías solidarias y en paz, no capitalismo verde por reparto de la riqueza.

Conclusión: construir, no solo criticar

Estas elecciones no son un fin, son un momento. No vamos a pedir el voto, no concurrimos por ahora por estar fase de organización, pero de hacerlo no lo pediríamos para gestionar mejor la jaula; lo pediríamos para abrirla. La UE es un fracaso para los pueblos y el futuro no lo pueden construir los que han fracasado. Nuestra tarea es llamar a construir la alternativa: organización, programa y calle. Quien quiera criticar por criticar, que lo haga; nosotros vamos a construir. Porque el problema no es solo ver el panorama negro, sino levantar, desde la soberanía y el trabajo, una salida digna para las mayorías.

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