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Manifiesto del 8 de Marzo: Día de la Mujer Trabajadora, Día de Lucha

Manifiesto del 8 de Marzo: Día de la Mujer Trabajadora, Día de Lucha

A nuestras compañeras, a las trabajadoras, a las que luchan:

Cada 8 de marzo, el calendario nos marca una fecha señalada. Para muchos, es un día de felicitaciones banales, de flores y de gestos vacíos. Pero nosotros y nosotras sabemos la verdad: este es un día de lucha. Es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, una jornada de combate instaurada por la Internacional Socialista de Mujeres, aquella que fundaron dos grandes luchadoras: Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin.

Ellas lo crearon para nosotras, las mujeres de la clase trabajadora. Para aquellas que sufrimos una doble explotación: en el trabajo, por un salario que siempre es menor, y en casa, con el peso de los cuidados y las tareas del hogar no reconocidas. Este día nació para denunciar esa injusticia, y su origen está grabado a fuego en la memoria obrera: en la huelga de las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York, que acabó con una masacre. Aquellas mujeres fueron asesinadas por ser obreras y por ser mujeres. Su sangre es la que tiñe de rojo nuestra bandera de lucha.

Por eso, nos negamos a que nuestro día sea prostituido. Rechazamos el intento de convertirlo en una celebración interclasista, donde quepan empresarias y explotadoras. Denunciamos a los sectores «woke», que han secuestrado la lucha de la mujer para llenarla de elementos identitarios vacíos, de discursos que no hablan de pan, de trabajo, de salario o de techo. Esos discursos no responden a las demandas de nuestras fundadoras y solo sirven para despistarnos de lo verdaderamente importante: la lucha de clases.

Hoy, en nuestros días, la desigualdad sigue siendo una realidad brutal. Es mucha, es enorme y está en todos los factores de la vida. Muchas mujeres trabajadoras cobran menos que un hombre por la misma tarea. Tienen más difícil acceder a una vivienda. Sufren una precariedad laboral mucho mayor. Y mientras tanto, la violencia machista no se ha erradicado. Al contrario, se cobra vidas cada año, cada semana, cada día. Y se hace muy poco para detenerla.

De esta situación tienen gran parte de culpa los negacionistas. Y en ese saco debemos meter no solo a los que niegan la violencia, sino también a esos sectores «woke» que, con sus teorías, atacan a la mujer, su dignidad y su propio sexo. Han vuelto a denigrarnos al mercantilizar nuestros cuerpos, defendiendo los vientres de alquiler, que no son más que una nueva forma de explotación de las mujeres pobres por parte de las ricas y/o ricos. Protegen la esclavitud sexual al blanquear la prostitución como si fuera un trabajo digno, cuando es la expresión más cruel de la violencia patriarcal. Ellos y ellas también son culpables de la violencia machista, porque al difuminar la figura de la mujer, borran al sujeto político de la opresión y nos dejan indefensas.

Mientras nosotras nos desgastamos en estas luchas impuestas, los hombres, en su mayoría, conservan sus privilegios. Los incrementan, ocupando los espacios políticos y culturales que deberían ser para mujeres, decidiendo sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas desde sus posiciones de poder.

Por todo ello, este 8 de marzo, nos negamos a mirar hacia otro lado. Nuestro feminismo es de clase, es socialista, tiene un sentido transformador y busca el reparto de la riqueza. No nos conformamos con parches, queremos un cambio de raíz.

Y en ese afán transformador, nuestra mirada es internacionalista. No podemos olvidar a las miles de mujeres palestinas que están siendo asesinadas por el ejército sionista. No son muertes accidentales en un conflicto, son asesinatos planificados. Se mata a las mujeres, se mata a los niños y a las niñas con un objetivo claro: aniquilar al pueblo palestino. En numerosos conflictos bélicos la mujer sigue siendo un trofeo de guerra o una víctima fácil y olvidada. Es la forma más brutal de violencia machista y colonial, y exige nuestra más firme condena y nuestra solidaridad activa.

Por eso, hoy salimos a la calle. Para reivindicar a la mujer trabajadora, la que madruga para ir a trabajar con preocupaciones en la cabeza. La que sostiene este mundo con su esfuerzo y recibe migajas a cambio. Decimos alto y claro: ni un paso atrás. Nuestra lucha es por la soberanía de nuestros cuerpos, por la soberanía de nuestros pueblos, por el trabajo digno y por una vida libre de violencias.

¡Viva la lucha de la mujer trabajadora!
¡Viva el 8 de Marzo, día de huelga y combate!
¡Ni una mujer menos, ni una muerta más!
¡Por un feminismo de clase, anticapitalista e internacionalista!

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