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LAS BASES DE EEUU Y LA COLONÍA BRITÁNICA DE GIBRALTAR IMPOSIBILITAN NUESTRA SOBERANÍA

Por Carlos Martínez, politólogo y portavoz de Soberanía y Trabajo

El Común 21-01-1016

La soberanía nacional no es un concepto abstracto, una palabra hueca para discursos del Día 6 de Diciembre. Es la capacidad efectiva de un pueblo para decidir sobre su territorio, su seguridad, su modelo económico y su destino, libre de injerencias, presiones o imposiciones externas. Por esta definición, simple y contundente, el Reino de España no es un Estado plenamente soberano. Es un país con soberanía mutilada, condicionada y, en aspectos clave, directamente usurpada. Esta realidad, incómoda y sistemáticamente ocultada por la élite política y mediática, se materializa en tres heridas abiertas en nuestro mapa: las bases militares estadounidenses de Rota y Morón, y la colonia británica de Gibraltar. Analizar esta tríada no es un ejercicio de nostalgia nacionalista sino de soberanismo socialista, así como de diagnóstico esencial para entender nuestra posición subalterna en el tablero geopolítico, los riesgos que asumimos y la abdicación moral de una clase dirigente que ha normalizado la sumisión.

Gibraltar: La Colonia Olvidada y la Cobardía Crónica

Comencemos por la afrenta más antigua y flagrante: Gibraltar. No es una «cuestión bilateral compleja», como gustan de calificarla nuestros diplomáticos. Es, sencillamente, una parte de nuestro territorio nacional ocupado por una potencia extranjera desde 1704, convertida en colonia en 1713 mediante el Tratado de Utrecht, un texto cuyo artículo X ha sido violado repetidamente por el Reino Unido. La postura española ha degenerado, década tras década, de la firmeza al patetismo. Mientras la II República Española, a pesar de su debilidad frente al Imperio Británico entonces en su apogeo, mantuvo una actitud beligerante y constante en la reivindicación de la soberanía –llegando a incluir el asunto en la Sociedad de Naciones–, los «gobiernos progresistas» y del PP, que hemos padecido en las últimas décadas han reducido la cuestión a un diálogo sobre cooperación transfronteriza, contrabando y derechos de los trabajadores.

La cobardía es tal que ni siquiera se atreven a plantar cara a un imperio en franca decadencia y descomposición, aquejado de una grave crisis económica, política y social, y cuya única «fortaleza» residual es su papel de satélite permanente y títere estratégico de los Estados Unidos. Gibraltar es mucho más que un peñón. Es una base militar extranjera de primer orden, no sometida a control alguno por las autoridades españolas, desde donde se espía el tráfico del Estrecho y se proyecta poder hacia el Mediterráneo y África. Es, se presume con fundamento, un paraíso fiscal criminal que lava dinero del narcotráfico, del contrabando de tabaco y de la corrupción internacional, erosionando la economía andaluza y española. Es un arsenal donde, para mayor escarnio, se reparan y abastecen submarinos nucleares británicos, introduciendo un riesgo radiológico inadmisible a escasos kilómetros de nuestras costas.

La mayor parte de los países del mundo no tolerarían esta situación. Nosotros no solo la toleramos, sino que hay una amplia red de colaboracionistas, muy fuertes en partidos políticos –especialmente en aquellos que priorizan una relación «práctica»– y en medios de comunicación que banalizan o justifican el statu quo. La actitud es vergonzosa y vergonzante. Se condena con vehemencia la posible ambición de Trump sobre Groenlandia –y está bien condenarlo–, pero se guarda un silencio cómplice sobre que una potencia en retirada y que no es miembro ya de la UE, mantenga una colonia en suelo europeo. Francia, por poner un contraste elocuente, ya está tomando medidas diplomáticas y de refuerzo soberano ante las miradas de EE.UU. sobre sus territorios de ultramar. España, en cambio, no solo no presiona, sino que teme. Esta psicología colonial es el mayor obstáculo para la recuperación de la dignidad nacional.

Rota y Morón: El Alquiler de Nuestra Seguridad y la Complicidad en la Agresión

Si Gibraltar es la colonia británica, Rota y Morón son la colonización militar estadounidense. Estas bases no son «instalaciones conjuntas» en pie de igualdad. Son plataformas de proyección del poder imperial de Estados Unidos, gestionadas por ellos, donde la jurisdicción española es limitada y la transparencia, nula. Desde aquí, Washington gestiona parte de su dominio sobre el flanco sur de la OTAN, el Mediterráneo y el norte de África.

En Rota, la presencia del Escudo Anti-Misiles (Aegis Ashore) convierte a Andalucía, especialmente a la Bahía de Cádiz, en un objetivo prioritario en cualquier escenario de conflicto con potencias como Rusia entre otras. Quienes abogamos por la paz y el multilateralismo entendemos con claridad: estas instalaciones no defienden a España; la convierten en un escudo humano, en un blanco. No aportan seguridad, sino inseguridad estratégica, atrayendo sobre nuestra población la amenaza de misiles balísticos. Somos, literalmente, carne de cañón para la estrategia global de Washington.

Peor si cabe es el papel de la Base Aérea de Morón de la Frontera. Convertida en sede del Mando de Transporte para África y Oriente Medio de la US Marine Corps, es una lanzadera constante para operaciones de agresión. Desde Morón han despegado aviones que han bombardeado Iraq, Siria y Libia. Desde aquí se coordina el apoyo logístico y de inteligencia que facilita el genocidio contra el pueblo palestino por parte de Israel, y las acciones de hostigamiento a Irán. España, a través de su silencio y su complicidad logística, mancha sus manos con sangre cada vez que un avión cargado de bombas despega de Morón para masacrar a poblaciones civiles. Hablamos de soberanía, pero permitimos que nuestro suelo sea usado como plataforma de agresión contra pueblos hermanos, vulnerando el Derecho Internacional y cualquier principio ético elemental.

La Explicación de Base: España Colonia Múltiple

Esta situación anómala y peligrosa no es un accidente. Tiene una explicación de base: España es un país sometido a un régimen de soberanía limitada, una colonia multinivel. Lo somos de Estados Unidos en el ámbito militar-securitario, aceptando un rol subordinado en una OTAN cada vez más rota y desprestigiada albergando sus bases sin condiciones. Lo somos del capital financiero alemán y de las instituciones de la Unión Europea en el ámbito económico, que han diseñado políticas –de austeridad, desindustrialización, reformas laborales y destrucción de la agricultura, la pesca y la ganadería– para desmantelar nuestro tejido productivo y convertirnos en un mercado cautivo y una economía de servicios baratos en beneficio de sus corporaciones. Lo somos, aún, de Gran Bretaña, que mantiene un enclave colonial con impunidad.

Esta triple condición colonial explica la parálisis de nuestra clase política. No se trata de «gobiernos progresistas» timoratos. Se trata, en realidad, de administradores del statu quo, liberales postmodernos embebidos en la ideología atlantista y europeísta acrítica, nunca dispuestos a llevar adelante propuestas que beneficien a las clases trabajadoras o al antiimperialismo. Su horizonte es gestionar la dependencia, no romperla. Por eso, mientras ceden soberanía a Bruselas y abren las puertas a las bases de Washington, nuestros gobernantes y los partidos de la extrema derecha que son cipayos de los EEUU, son incapaces de resolver los problemas graves que aquejan a nuestro pueblo: la crisis de vivienda, el desmantelamiento de la sanidad pública, la especulación con los productos de primera necesidad o el colapso de la industria y la agricultura familiar. La falta de soberanía nacional y la falta de soberanía popular son las dos caras de la misma moneda: un régimen que sirve a intereses externos y a una oligarquía local desnacionalizada.

Conclusión: Por una Soberanía Plena y una Política de Neutralidad Activa

La recuperación de la soberanía nacional es una condición sine qua non para cualquier proyecto de transformación social y económica al servicio de las mayorías. No es un tema «patriótico» separado de la lucha de clases; es su marco necesario. Exigimos:

  1. La apertura de un proceso soberano e irreversible para la recuperación de Gibraltar, utilizando todas las herramientas diplomáticas, políticas, económicas y las que sean necesarias a nuestro alcance, denunciando el incumplimiento del Tratado de Utrecht y llevando la cuestión a todos los foros internacionales, además de tomar cartas en el asunto.
  2. La denuncia de los acuerdos bilaterales con Estados Unidos sobre las bases de Rota y Morón y el establecimiento de un calendario para su desmantelación y recuperación del territorio. España debe salir de la OTAN y avanzar hacia una política de neutralidad activa y no alineación, que nos aleje de los conflictos imperiales y nos convierta en un actor para la paz en el Mediterráneo y el mundo.
  3. La ruptura con la política colonial y la UE y la construcción de alianzas con los pueblos del Sur global que luchan por su emancipación, empezando por el apoyo inequívoco a la causas palestina y saharaui.

Sufrimos el colonialismo, pero lo ocultamos bajo un manto de normalidad y complejos. Es hora de dejar de tener miedo. Tenemos el ejemplo de dignidad de la II República. Tenemos el deber histórico con nuestro pueblo y con las futuras generaciones de dejar de ser un peón en el tablero de otros, un blanco en sus guerras y un mercado para sus excedentes. La soberanía no se negocia: se ejerce. Y es hora de empezar a ejercerla.

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