La sentencia que debería avergonzar a Occidente
Por Carlos Martínez politólogo y presidente de Soberanía y Trabajo
Que no les digan que no había avisado. Mientras los grandes medios y sus tertulianos de cabecera nos distraen con culebrones políticos y falsos debates culturales, el capitalismo global está ejecutando silenciosamente la mayor purga laboral de la historia contemporánea, y la inteligencia artificial es el caballo de Troya que han elegido para hacerlo. Si no reaccionamos ahora, si no organizamos a la juventud trabajadora española al margen de las opciones ultra-liberales y sus falsas izquierdas, seremos cómplices pasivos de una catástrofe social anunciada.
La sentencia que debería avergonzar a Occidente
Hace apenas unos días, el Tribunal Popular Intermedio de Hangzhou, en China, dictó una sentencia que debiera leerse en cada sindicato y cada centro de trabajo de España. La justicia china ha declarado ilegal que una empresa despida a un trabajador con el argumento de que su puesto ha sido sustituido por inteligencia artificial. El caso es paradigmático: un supervisor de calidad de una empresa tecnológica fue degradado con una reducción salarial del 40% y posteriormente despedido cuando se negó a aceptar que sus funciones fueran automatizadas. El tribunal no solo falló a favor del trabajador, sino que estableció un principio clave: la empresa no puede trasladar unilateralmente los costes operativos de la automatización a los empleados.
Esto no es un caso aislado. En diciembre de 2025, Pekín ya había sentado jurisprudencia al dictaminar que la introducción de IA por decisión empresarial no constituye una «causa objetiva» válida para el despido, sino que equivale a transferir el riesgo tecnológico al trabajador, lo que constituye un despido improcedente. Y ahora, Hangzhou ha ratificado y ampliado esa doctrina, prohibiendo explícitemente el uso de la IA como mera excusa para ahorrar costes laborales.
China, el país al que nuestros gobernantes y su prensa afín presentan como una amenaza, es hoy el único estado del mundo que está construyendo un auténtico dique de contención jurídica frente al tsunami de despidos tecnológicos que se avecina.
La carnicería en Occidente: datos para no tener dudas
¿Y qué ocurre mientras tanto en nuestras democracias liberales occidentales? Una masacre laboral perfectamente planificada por las grandes corporaciones y sus think tanks neoliberales.
Los datos son escalofriantes. Solo en Estados Unidos, más de 55.000 despidos fueron atribuidos directamente a la IA en los primeros once meses de 2025. Oracle ha despedido a 30.000 empleados para financiar su inversión en inteligencia artificial. Amazon ya ha anunciado al menos 16.000 recortes, Meta prevé otros 8.000, y Microsoft ha ofrecido jubilaciones anticipadas forzosas a casi 9.000 personas. Y esto no afecta solo al sector tecnológico: empresas como UPS planean eliminar hasta 30.000 puestos, y las consultoras Capgemini e Inetum ya han anunciado más de un millar de salidas en España.
En total, los despidos vinculados a la automatización superaron los 90.000 a nivel global solo en lo que va de 2026. Y esta es solo la primera oleada.
El estudio de FUNCAS que nadie quiere leer
Pero si hay un documento que debería encender todas las alarmas en España, es el informe que la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS) acaba de hacer público. Según su investigación, dirigida por Francisco Rodríguez, en los próximos diez años la inteligencia artificial destruirá entre 1,7 y 2,3 MILLONES de empleos en nuestro país. En el escenario pesimista, la cifra podría superar los 3,5 millones de puestos de trabajo aniquilados.
El informe es implacable: la creación de nuevas ocupaciones vinculadas a la IA —como máximo 1,6 millones— no compensará ni de lejos la sangría. El saldo neto será de aproximadamente 400.000 puestos de trabajo perdidos en el mejor de los casos, y de hasta dos millones en el peor. Los más afectados serán precisamente los trabajadores de cuello blanco, los técnicos medios, los administrativos, los programadores, los analistas financieros, los profesionales científicos. Es decir, la clase trabajadora cualificada que el capitalismo español creyó haber encumbrado a una supuesta «clase media».
Pero el informe de FUNCAS, a pesar de sus números terribles, peca de un optimismo técnico y tecnocrático que no debemos compartir. Los economistas del régimen nos dicen que entre 2,8 y 3,5 millones de trabajadores «se beneficiarán» de la IA porque aumentará su productividad. ¿Aumentar la productividad para qué? ¿Para trabajar más horas por el mismo salario? ¿Para que el patrón se embolse el excedente mientras el trabajador agota su salud mental y física? No, gracias.
Organizarse fuera de las trampas neoliberales
Ante este panorama, la juventud trabajadora española tiene una sola alternativa viable: organizarse, pero hacerlo conscientemente al margen de las posiciones ultra-liberales, derechistas y neoliberales. Y ojo, porque estas posiciones visten hoy las más variadas máscaras: desde los empresarios abiertamente fachas hasta los falsos progres que predican el «emprendimiento» y la «adaptabilidad» como solución a la falta de empleo. Incluso muchas de las organizaciones que se autodenominan de izquierdas han asumido acríticamente el relato neoliberal de la innovación tecnológica, reduciendo la protección laboral a meros paños calientes.
El caso chino demuestra que sí existen alternativas reales a este suicidio colectivo. China, el país al que sus adversarios acusan de todo menos de bondadoso, está demostrando ser hoy el estado más avanzado del mundo en la protección de los derechos laborales frente a la automatización. Mientras en Occidente se despiden trabajadores con la bendición de nuestros gobiernos, en China un trabajador gana en los tribunales y la justicia establece que la tecnología está para servir a los seres humanos, y no al revés.
Lo repito por si no ha quedado claro: Hoy el país más avanzado del mundo es un país que camina hacia el socialismo. Y son los capitalistas, los del libre mercado, los que están fracasando estrepitosamente. Porque el capitalismo es y ha sido siempre un sistema que carga sus crisis y sus costes sobre los más débiles, y la inteligencia artificial no es más que el último capítulo de esta historia de explotación y miseria.
Una llamada a la acción
No nos engañemos: los 1,7 millones de empleos que FUNCAS prevé destruir no son números. Son nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros compañeros de universidad, nuestros vecinos. Son jóvenes que ahora están estudiando carreras que en cinco años serán obsoletas. Son trabajadores de cincuenta años a los que ninguna «recualificación» mágica va a recolocar.
Por eso llamo a la juventud trabajadora española —y a los trabajadores de todas las edades— a organizarse ahora. No esperen a que el despido llame a su puerta. No confíen en los sindicatos oficialistas que ya están negociando planes de recolocación como si el problema fuera menor. No voten a los partidos de la falsa izquierda que compiten por ver quién es más amigo de los grandes empresarios tecnológicos.
Organícense en movimientos que no dependan de subvenciones ni de padrinos políticos sistémicos. Construyan alianzas con los jóvenes trabajadores del sur global, con los estudiantes chinos que están viendo cómo su estado les protege, con los despedidos de Oracle, Amazon y Meta que hoy están ocupando las calles de Estados Unidos y Europa.
La inteligencia artificial llegó para quedarse. La batalla por quién controla esa tecnología —y para qué fines— es la batalla política y social decisiva de nuestra época. Y en esa batalla, solo hay dos opciones: o nos organizamos para que la tecnología trabaje para la humanidad, o aceptamos que la tecnología trabaje para el capital, convirtiéndonos en carne de cañón de una nueva fase del capitalismo caníbal.
El socialismo demostró con el primer astronauta, con la erradicación de la polio y con la reducción de la jornada laboral que el desarrollo tecnológico no tiene por qué ser enemigo de los trabajadores. China lo está demostrando hoy, con sentencias como la de Hangzhou, que la inteligencia artificial puede convivir con la estabilidad laboral y la protección social.
La elección es nuestra. Pero el tiempo se acaba. Organicémonos. Ahora.
