La Marcha Verde 2.0: ofensiva de Marruecos y rendición de la élite española
Por Carlos Martínez, politólogo y presidente de Soberanía y Torabajo
Lo que estamos presenciando en Ceuta en estos días no es un fenómeno migratorio espontáneo. Es la materialización de una advertencia que formulamos desde Soberanía y Trabajo: Marruecos, respaldado por Estados Unidos, el ente sionista de Israel y Francia, está ejecutando una nueva Marcha Verde sobre territorio español. Los hechos son tozudos. Más de 30.000 “migrantes” han cruzado a la ciudad autónoma sin encontrar resistencia de las fuerzas de seguridad marroquíes. No es casualidad. Es un ensayo, una presión calculada, una guerra híbrida que el régimen de Mohamed VI utiliza como instrumento de política exterior.
Voces autorizadas ya han puesto nombre a lo que está ocurriendo. El ex asesor del Pentágono Michael Rubin ha instado abiertamente a Marruecos a organizar una «nueva Marcha Verde» sobre Ceuta y Melilla, reclamando incluso al presidente Trump que reconozca ambas ciudades como «territorio marroquí ocupado». Rubin no es un analista marginal: fue asesor del Departamento de Defensa de Estados Unidos y sus palabras reflejan el pensamiento de una facción influyente en Washington que ve en Marruecos su principal socio militar en África. Pero no hace falta acudir a fuentes estadounidenses. El Frente POLISARIO y los medios saharauis bien informados llevan meses denunciando esta estrategia. Marruecos ha instalado campamentos militares mientras España permanece paralizada.
La habilidad alauita frente a la pusilanimidad española
Si algo no se le puede negar a los monarcas alauitas, desde Mohamed V hasta el actual Mohamed VI, es su determinación, su coraje y su ausencia total de remilgos a la hora de terminar con sus enemigos, incluidos aquellos que fueron amigos de conveniencia. Solo así se explica la supervivencia de una dinastía que ha soportado intentos de golpes de Estado, huelgas generales combativas y rebeliones rifeñas y saharauis. Pero su habilidad es muy superior a la de su vecino, el Reino de España. Mientras Marruecos actúa con una claridad de objetivos que envidiaría cualquier potencia, España ha sufrido un constante tira y afloja, amenazas veladas y oleadas migratorias de las que siempre ha sacado ventaja el régimen alauita.
La historia reciente es esclarecedora. En 2021, Marruecos provocó una crisis migratoria en Ceuta como respuesta a la asistencia médica prestada en España al líder del FPOLISARIO, Brahim Gali. Aquella fue una lección. La de 2026 es la confirmación de que el régimen de Rabat ha perfeccionado su método: utilizar a miles de jóvenes sin futuro como ariete político, con la complicidad activa de sus fuerzas de seguridad. Y España, una vez más, reacciona con parálisis, movilizando al Ejército para contener una crisis que sus dirigentes no han sabido prevenir ni gestionar.
La compra de voluntades: el sistema que corrompe a España
¿Cómo es posible que un país que fue potencia colonial en el Protectorado haya terminado sometido a la presión constante de su antigua colonia? La respuesta es tan sencilla como vergonzosa: Marruecos ha comprado a la élite española. Y lo ha hecho utilizando un sistema muy antiguo y básico que a nivel interno también funciona: la corrupción mediante dinero, influencias y negocios.
El reino alauita ha comprado jefes de Estado, presidentes de Gobierno, ministros, empresarios, hosteleros, cadenas comercializadoras agrícolas, periodistas y diputados. Todo ello desde 1957 hasta ahora, sin solución de continuidad. El rey de Marruecos otorga dádivas y licencias, dinero y propiedades, y nuestra élite se vende. Así de sencillo. No es una conspiración, es un hecho constatable: empresarios españoles explotan tierras y personas en el reino alauita mientras sus gobiernos miran hacia otro lado. Los negocios privados de empresarios españoles en Marruecos son inmensos, perjudicando a nuestra producción agraria o la logistica y de eso nadie habla. Marruecos está hiper subvencionado por la Unión Europea, que le apoya en la construcción de autopistas, trenes de alta velocidad y un megapuerto frente al de Algeciras con el objetivo declarado de hundirlo. Grandes tratados comerciales arruinan al campo español, y en ellos participan activamente empresarios españoles que anteponen sus beneficios a los intereses de su país.
El engaño de las ONG y la izquierda posmoderna
En este escenario de sumisión, resulta especialmente grave el papel que están desempeñando ciertas ONG y sectores de la izquierda populista y posmoderna. Muchas de estas organizaciones no gubernamentales, impregnadas de una mentalidad neocolonial que el gran revolucionario africano Ibrahim Traoré ha denunciado con claridad meridiana, presentan la inmigración como un éxodo provocado por el hambre y la miseria. Pero en el caso de Marruecos, eso es falso y demagógico. No hay hambruna en Marruecos. Hay desigualdad, sí; hay explotación, sin duda; pero no hay una situación de emergencia humanitaria que justifique la instrumentalización de miles de jóvenes como ariete político.
¿Por qué insisten entonces en ese relato? Porque una cierta izquierda, perdida en el postmodernismo y en el complejo de culpa colonial, ha terminado romantizando lo que es una operación imperialista en toda regla. Creyendo defender a los oprimidos, se pone del lado del rey de Marruecos y de Trump, pretendiendo hacer lo contrario. El resultado es que, junto con la estulticia y cobardía del PSOE, que no acierta a definir una política exterior digna, esta “izquierda” desorientada por ser educado, favorece objetivamente a Vox y al Partido Popular. Porque mientras el PSOE cede, Vox y el PP hacen demagogia con la frontera, pero ambos son cómplices y aliados de Israel y de Estados Unidos, y por tanto están, en la práctica, con el trono de Marruecos. Sus gritos patrióticos son pura mentira: ningún partido del régimen del 78 está dispuesto a enfrentarse realmente a Rabat, porque todos ellos han sido comprados o cooptados por el entramado de intereses que une a Washington, Tel Aviv y Rabat.
La izquierda que realmente quiere emancipar a la clase obrera debe entender que la inmigración masiva promovida desde el poder marroquí no es un acto de solidaridad, sino una estrategia de desestabilización que debilita los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores españoles, al tiempo que sirve de coartada para que Marruecos se deshaga de su población joven y reivindicativa. Romantizar ese proceso es hacer el juego al enemigo de clase.
El eje Washington-Tel Aviv-Rabat: una amenaza estratégica
La posición internacional de Marruecos se ha visto reforzada de manera espectacular durante los últimos años gracias a sus relaciones con Estados Unidos e Israel. Lo que está en juego no es una mera alianza diplomática, sino una transformación militar sin precedentes. La Sección 1268 de la Ley de Autorización de Defensa Nacional de EE.UU. para 2027 ordena al Pentágono elaborar una hoja de ruta decenal para convertir a Marruecos en «el socio militar estadounidense más capaz del continente africano». Eso incluye nuevas bases conjuntas en suelo marroquí, la rehabilitación de aeródromos de la Guerra Fría y un centro dedicado a la guerra de drones.
Pero la actividad geopolítica de Marruecos va mucho más allá. El reino alauita se ha convertido en el principal promotor del gasoducto Nigeria-Marruecos, un megaproyecto energético que pretende conectar África occidental con Europa, desplazando los intereses de Argelia y Rusia en el Mediterráneo. Este ambicioso trazado, respaldado por la Unión Europea y por Estados Unidos, convierte a Rabat en el guardián del suministro energético del sur de Europa, otorgándole un poder de presión inmenso sobre España, que depende cada vez más del gas argelino pero que ve cómo su suministro puede ser estrangulado desde Rabat.
Además, Marruecos ha desplegado efectivos militares en Gaza, convirtiéndose en el primer país árabe en hacerlo públicamente, en una muestra de lealtad al ente sionista que le ha reportado tecnología de vigilancia avanzada y sistemas de inteligencia artificial aplicados al control de fronteras. En el Sáhara Occidental, Marruecos ha acelerado la construcción de un muro de defensa con sensores y radares israelíes, mientras explota los recursos fosfáticos del territorio ocupado con empresas europeas, entre ellas algunas españolas. La fachada atlántica del Sáhara es, además, una de las zonas de pesca más ricas del mundo, y Marruecos ha vendido licencias a flotas extranjeras, incluida la española, en una clara violación del derecho internacional que ningún gobierno de Madrid ha osado denunciar ante los tribunales.
El apoyo de Estados Unidos y la transferencia tecnológica de Israel han acelerado un proceso de modernización armamentística sin precedentes en el norte de África. Mientras tanto, España mantiene una ventaja tecnológica que se erosiona día a día, y sus dirigentes siguen sin plantarle cara a Marruecos en defensa de su soberanía y de los intereses de las clases populares.
La herencia del Protectorado y la lección no aprendida
Históricamente, España fue potencia colonial en Marruecos durante el periodo conocido como el Protectorado, que fue un desastre, una ruina, una guerra colonial desastrosa y cruel tanto contra los rifeños como contra los pobres soldados de quinta españoles, proletarios y campesinos pobres llevados al matadero por nada. Solo sacaron en claro las élites españolas a unos 60.000 combatientes marroquís, aproximadamente, que vinieron a la Península a combatir contra la República y en favor del fascismo. «Los moros que trajo Franco» fueron su principal fuerza de choque y carne de cañón.
Esa historia debería haber enseñado a España que la cesión y el sometimiento no traen más que desprecio. Pero no ha sido así. España, o mejor dicho sus dirigentes, nunca han plantado cara a Marruecos en defensa de su soberanía. Han preferido el acuerdo cómodo, la subvención europea y la ficción de que el vecino del sur no es una amenaza. Mientras tanto, Marruecos no vive una situación de hambre. No hay hambre en Marruecos; sus estándares de vida pueden ser similares a los de la España de 1970 en algunos aspectos, pero en otros a los de los años 90. Hay mucha desigualdad y salarios inferiores, pero si se recorre Marruecos no se ve la situación de otros países atrasados. La inmigración es un negocio, tal como ocurrió en España durante el franquismo: se quitan de encima mano de obra joven y por tanto luchadora, y los inmigrantes invierten en Marruecos, construyendo casas y apoyando pequeños negocios familiares y/o enviando remesas.
No estamos, pues, ante un país en guerra ni en hambruna. Estamos ante un país con un Ejército competente y fogueado, entrenado por Estados Unidos e Israel; una Gendarmería Real omnipresente, dura y muy efectiva a la hora de reprimir; una numerosa policía muy bien equipada y temida que controla todo; y unos servicios de seguridad infiltrados en todo lo que se mueve, incluido España, donde espían y compran a voluntad.
Conclusión: soberanía o sumisión
La Marcha Verde 2.0 ya está en marcha. No es una amenaza futura, es una realidad presente. Marruecos, con el respaldo de Estados Unidos, Israel y Francia, está presionando cada uno de los puntos débiles de España: Ceuta, Melilla, las Islas Canarias ricas en minerales estratégicos en sus aguas, y el propio Estrecho de Gibraltar. Y España, gobernada por una élite que ha vendido su soberanía a cambio de migajas, no ofrece resistencia.
Ellos no son soberanos, pero España lo es todavía menos. La diferencia entre ambos reinos no es de capacidades, sino de voluntad. Mientras Marruecos tiene un proyecto nacional claro y una élite que lo respalda sin fisuras, España tiene una clase política dividida, vendida a intereses extranjeros y sometida a la presión de quien ha sabido comprar mejor. La supervivencia de la dinastía alauita se explica por su determinación. La decadencia de España se explica por su ausencia.
O recuperamos la dignidad y la soberanía, o seguiremos asistiendo, impotentes, a la consumación de la Marcha Verde 2.0. y la desestabilización que provocan los EEUU e Israel. La historia no espera.
