España suma y sigue ¿para quién?
En el permanente relato infantil con el que adormecen al pueblo español tocaba aplacar la tensión acumulada antes del descanso veraniego, y se acudió al recurso del traje nuevo del emperador.
Los economistas del sistema confeccionaron hábilmente los ropajes para que los voceros imperiales pudieran despedirse hasta septiembre con contundentes argumentos. Es falso que los españoles sean más pobres porque tienen hoy un 9 % más de poder adquisitivo, dijo Pedro Sánchez. El empleo de calidad es posible gracias a políticas centradas en la gente, dijo Yolanda Díaz.
Se trata de una versión del eslogan aznariano España va bien, moneda falsa que se vienen pasando de mano en mano los gobiernos alternos de las dos caras del mismo régimen, PP-PSOE, tanto ellos como sus caballos de posta, Vox, Sumar, Podemos. Versión que ahora presenta la peculiaridad de provenir de un “gobierno de izquierdas”.
Pero ¿qué hay tras este triunfalismo de los datos? Basta alzar un poco los vestidos para encontrar la desnudez en su crudeza. Los salarios reales en España sólo crecieron un 2,76% en treinta años, y esto hace que seamos el cuarto país por la cola de la OCDE.
La llamada «pobreza laboral» afecta al 11,7% de las personas con empleo en España. Es decir, una persona o una familia pueden tener un empleo o varios, pero no alcanzarles para cubrir sus necesidades básicas.
Salarios insuficientes para precios de alimentos que suben por encima del IPC y acumulan en 4 años un encarecimiento del 33,1%, en artículos básicos de alimentación como fruta, pescado, o carne. Esto es, mientras las grandes superficies hacen su agosto, los consumidores renuncian a su salud alimenticia para poder llegar a fin de mes. Si al eufemismo “pobreza laboral” añadimos la “precariedad habitacional”, encontramos que los españoles no propietarios están condenados a no poder poseer jamás una vivienda y se ven abocados al inflado mercado del alquiler, de modo que muchas familias deben decidir entre hacer la compra o pagar la renta.
Los supuestos datos sobre empleo no reflejan a los miles de parados que se cansaron de inscribirse en las oficinas, pues es una pérdida de tiempo en especial para los mayores de 50 años. España es el país con la mayor tasa de paro entre los 50 y los 65 años. Es además el país de la UE con más parados 10,29%, y el país con más paro juvenil en la UE, con una tasa del 25,5 % en febrero 2025.
Entonces nos preguntamos, si los datos se ven como positivos en el marco económico sistémico, e indican que España va bien, ¿para quiénes va bien?
Para eso sirven los sastres de vestidos imperialistas, para ocultar que nuestro alineamiento geopolítico, dentro de la UE, nos condena a un modelo productivo conducido a los sectores de menor valor añadido, pero de mayor facilidad para el beneficio rápido.
España es uno de los destinos preferidos para el lucro derivado del turismo. Por eso se produjo el desmantelamiento industrial en las décadas anteriores, y por ello los capitales encuentran tan apetecible la inversión en compra de inmuebles. Para ello hoy vemos las zonas vaciadas en el entorno rural y los municipios abocados al negocio de las renovables mientras arrancan sus cultivos e industrias tradicionales.
Este modelo productivo favorece la hiper explotación de los trabajadores, pues en ese contexto los empleos tienden a la estacionalidad, la parcialidad y en general a la mayor vulnerabilidad frente al capitalista. De esta forma, los grandes intereses económicos pueden no sólo exigir el aumento de la productividad, sino apretar las tuercas mediante la reducción de salarios, para en definitiva aumentar la tasa de plusvalía.
Si España va como un cohete y las políticas están centradas en la gente, ¿por qué van más de una veintena de detenidos en las protestas del Metal en Cádiz? ¿Por qué se manda a prisión a sindicalistas como las 6 de la Suiza y hay que rogar indulto por el simple hecho de hacer labor sindical? ¿Por qué no se deroga ya la Ley Mordaza? ¿Por qué se regatean las pensiones y se insiste en prolongar la vida laboral hasta casi la muerte?
Porque sí, es cierto que la economía va bien. Pero va bien para especuladores de la vivienda, rentistas en general y empresarios explotadores, para accionistas de grandes empresas energéticas, para los fondos de inversión, para el negocio de las armas. Para esos sectores España es un atractivo destino de capitales extranjeros y fondos de inversión.
Por ello nos mienten con falsos motivos de estabilidad, como el «techo de gasto» exigido por la UE, o lógicas infames como el criminal gasto militar y las exigencias de subidas en la parte del PIB para costear sus guerras.
Para invertir este caos y lograr que los indicadores económicos sean favorables a la mayoría social, la clase trabajadora, necesitamos organizar un nuevo orden social, fuera del marco atlantista que nos conmina a ser territorio usado como especulación, de mano de obra barata, y como base para trasiego de armas con destino a Palestina, Rusia o
Siria.
Con esa finalidad deberían planearse acciones que modificasen el modelo productivo hacia los sectores de mayor valor añadido, los industriales, los de investigación y desarrollo. Acabar con el caldo de cultivo que alimenta al rentismo. Impedir que nos vendan a intereses extranjeros que solo buscan la revalorización comercial aun a costa de las vidas. Precisamos, en definitiva, recuperar nuestra soberanía como pueblo.
