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España: Arrastrada a la decadencia. Un análisis en defensa de la soberanía

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España: Arrastrada a la decadencia. Un análisis en defensa de la soberanía
Por Carlos Martínez, politólogo y presidente de Soberanía y Trabajo

Llevamos décadas advirtiéndolo. El diagnóstico está hecho, la autopsia del sufrimiento popular la hemos repetido hasta el cansancio en centenares de artículos. Sin embargo, la impotencia o la complicidad silenciosa de quienes deberían ser la vanguardia de la transformación social nos mantienen en parálisis. El origen del desastre lo conocemos perfectamente: el imperialismo. Sus nombres, sus banderas, sus bancos y sus ejércitos.

El espejismo de los convenios y la realidad de los salarios

La situación de la clase trabajadora en España es muy difícil. Los salarios están congelados de facto desde hace años. Los sindicatos mayoritarios, lejos de ofrecer una resistencia firme, firman convenios colectivos que a duras penas permiten alcanzar algo de los costes de vida, pero que no ayudan a pagar una vivienda. Mientras, la vivienda se ha convertido en un bien de lujo al alcance de muy pocos, y la clase obrera europea y la española en particular está castigada a no tener vivienda, empobrecerse cada vez más y condenada a no tener hijos o hacerse anciana por carencia de políticas familiares sociales.

La Unión Europea: un proyecto neoliberal y antinacional

La Unión Europea en su conjunto vive por la aplicación obligatoria de sus recortes neoliberales. Gobernar aplicando medidas socialdemócratas es ilegal en la UE; esa es una cruda realidad que nunca se dice. La UE es neoliberal militante, atlantista e imperialista vocacional, y su acervo legal prohíbe las políticas de reparto, de apoyo al sector público y, por supuesto, las nacionalizaciones. Sus políticas destruyen el comercio local, la agricultura familiar y las pequeñas industrias, frenan los salarios y destruyen los derechos laborales. Todo en beneficio de multinacionales y de las grandes superficies y cadenas.

Su impulso privatizador en materias como la sanidad o las pensiones genera un empobrecimiento mayor. La colaboración mixta público-privada hace estragos: enseñanza concertada, sanidad con mutuas, seguros médicos, hospitales privados. Y ahora, las pensiones privadas, impulsadas con dinero público, abren la puerta a la privatización de la Seguridad Social. El llamado Estado del bienestar europeo es una burla comparado con el de los años setenta u ochenta del siglo XX.

El dinero público para la guerra, no para el pueblo

Mientras se cierran centros de salud y se recortan servicios públicos, el dinero público es utilizado para sufragar la guerra en Ucrania, un conflicto que consume miles de millones europeos y españoles en particular para sostener un régimen autoritario y de extrema derecha, violando entre otros muchos compromisos los acuerdos de Minsk. La guerra en Ucrania ha sido el ejemplo más flagrante de sumisión. Mientras el gobierno sigue al pie de la letra las consignas de la OTAN y la UE, enviando armas y apoyo a un conflicto que no es el nuestro, el pueblo español paga las consecuencias en forma de inflación, carestía de la vida y deterioro de los servicios públicos. En este asunto, al igual que en otros desde la extrema derecha hasta la llamada izquierda, son coincidentes.

El rearme que propone la OTAN no es un gasto en defensa; es una contribución forzosa a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, que utiliza a Europa como escudo humano en su confrontación con potencias emergentes. La UE nos prepara para una guerra contra Rusia, y eso exigirá cegar y perseguir toda disidencia. Las izquierdas organizadas pueden ser declaradas ilegales por enfrentarse a la derechización del mundo que pretenden los aliados de Ucrania y sostenedores del régimen ultraderechista ucraniano.

La UE odia a los pueblos de Europa

La UE odia a los pueblos de Europa. Odia a sus agricultores, pescadores, pequeños comerciantes y trabajadores manuales. España es una de las principales víctimas de la UE, al haber esta destruido su industria, su minería y su pesca, y estar destruyendo su tejido productivo. Pero es que también ha destruido los planes de estudio y ha convertido las universidades en guarderías de adolescentes tardíos o falsos, que fabrican muchos profesionales para que puedan emigrar de España con un diploma en el bolsillo. Esa es la política deliberada de la UE para el estudiantado español: formar mano de obra barata para exportar, no para construir país.

Las izquierdas y derechas, dos caras de la misma moneda

Por si fuera poco, las izquierdas del arco parlamentario son sucursales de George Soros y sus fundaciones, por lo que no trabajan en interés de las clases populares. Las «izquierdas» sistémicas woke no son capaces de entender ni apoyar las necesidades, intereses y reivindicaciones de las clases populares. Cooptadas por las fundaciones globalistas, se han alejado de los valores sociales. Las posiciones políticas centradas en identidades y orientaciones personales han distanciado a estas izquierdas de la clase, el colectivo y el sujeto popular, dejando a las clases trabajadoras sin un referente propio. Han sustituido la lucha de clases por el carnet de minorías, fragmentando al pueblo trabajador en categorías irreconciliables.

Las extremas derechas, por su parte, lo hacen en favor de los intereses de Trump y del ente sionista de Israel, que perjudican ambos los intereses de España. Y encima, todos ellos están al servicio de la Unión Europea: desde Vox a Podemos, ninguno cuestiona a quienes nos han convertido en una potencia turística destruyendo nuestra economía productiva.

El turismo: pan para hoy y hambre para mañana

El turismo no es economía, es pan para hoy y hambre para mañana. Una dependencia excesiva del turismo conduce a una reestructuración de baja productividad y empleo precario. El turismo, la hostelería, la restauración, el transporte, el ocio y el comercio representan cerca del 40% del PIB español, pero lo hace acumulando volumen de actividad —más turistas, más residentes extranjeros, más trabajadores— y no mejorando su eficiencia ni su valor añadido por trabajador. Se destruirá al menor peligro de crisis en una Europa que quiere ser llevada a la guerra.

La lección de Islandia

La lección de Islandia nos debe hacer reflexionar. En 2008, Islandia se declaró en bancarrota de la noche a la mañana y se convirtió en el primer país europeo que tuvo que ser rescatado por el FMI. Sin embargo, el pueblo islandés se negó a asumir deudas que no había contraído y buscó un modelo alternativo para superar la crisis. Inició entonces lo que se conoce como la «revolución islandesa»: hicieron dimitir al Gobierno, se negaron a pagar la deuda exterior y procesaron a los responsables. Islandia está saliendo de la crisis porque ha demostrado que es más solvente quien protege a sus empresas —en vez de liquidarlas— y a sus trabajadores —en vez de despedirlos— para pagar las deudas a los acreedores del sector financiero.

España, en cambio, sigue sumisa a los dictados de Bruselas, pagando una deuda que no es suya y sacrificando a su pueblo en el altar del neoliberalismo.

La necesidad de reconstruir la soberanía

La posición que defendemos en Soberanía y Trabajo es nítida. Denunciamos esta agresión imperialista contra los pueblos de Europa y contra España en particular. Defendemos la soberanía nacional frente a estructuras internacionales que limitan nuestra democracia y ponemos en el centro los intereses de la clase trabajadora. Es necesario un alto el fuego negociado que ponga fin a la guerra en Ucrania, y para ello es imprescindible la salida de España de la OTAN/UE y una reorientación de nuestra política exterior hacia la neutralidad y la paz. Frente al globalismo, recuperar la conciencia de clase. Frente a la sumisión, la soberanía. Frente a la guerra, la paz. Frente a la decadencia, la organización y la lucha de los pueblos.

El problema del avance de la extrema derecha, la derecha autoritaria y el pseudofascismo que sufrimos en Occidente no va a ser frenado mediante una batalla cultural o llamamientos a la defensa de las identidades y el buenismo. Se frena con organización de clase, con conciencia de pueblo y con la recuperación de la soberanía nacional y popular. Porque la política no son gestos y eslóganes; son hechos y acciones. Queda Soberanía y Trabajo.

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