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Contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, abolición de la prostitución

Contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, abolición de la prostitución

 

El 23 de septiembre, día internacional contra la explotación sexual y la trata de personas, se denuncia la persistencia de una de las violaciones más graves de los Derechos Humanos, que afecta a millones de mujeres, niñas y niños de todo el mundo. En esta cita se recuerda que esta forma moderna de esclavitud sigue siendo un problema de gran tamaño a nivel global, que no presenta visos de desaparecer.

España no es ajena a ese problema y participa como territorio de tránsito y de destino de trata y explotación sexual. Esto se evidencia en la hipocresía con la que los responsables políticos acometen el asunto de la prostitución.

Estudios estatales indican que en España hay más de 114.000 mujeres en situación de prostitución, aunque esa cifra es mucho más alta según otras fuentes. Ello lo sugiere el hecho de que se han identificado cientos de miles de datos de páginas web con anuncios relacionados. La procedencia de estas mujeres, mayoritariamente de países latinoamericanos, subsaharianas o de Europa del Este, subraya la relación entre la marginalidad social y la existencia de esta lacra.

En esos estudios se muestra la realidad de que en nuestro país existe un vacío legal, que estigmatiza aún más a las mujeres abocadas a ello. Existe cierta penalización sobre el lucro, pero no está regulado a nivel estatal, dejando en mano de ordenanzas municipales que acaban afectando más a las mujeres prostituidas que a los usuarios.

La hipocresía de los responsables políticos alcanza también a los percibidos como izquierda dentro de la representación teatral de nuestro Congreso, pues proponen que la manera de resolverlo es regular lo que consideran “trabajo sexual”. Tal vez para que, de ese modo, pueda reflejarse ya sin tapujos en los datos del PIB y clasificarse sin rodeos como actividad económica dentro de las estadísticas.

Lo que sí reflejan estadísticas como la de Hábitos Sexuales es que son un gran número de hombres los que siguen acudiendo a esta práctica y además desde edades muy jóvenes.

La carencia de soberanía de España y su subordinación a intereses de especuladores nos mueven a pensar que el desamparo social irá en aumento, con lo cual los eslabones más vulnerables de la cadena, como son las mujeres trabajadoras y las inmigrantes, se vean cada vez más cerca de esta horrible perspectiva.

No es casual que la sociedad se presente cada vez más hipersexualizada, que se normalice la exhibición sexual en plataformas solo de fans, como manera de normalizar el engaño de que la prostitución es aceptable como un empleo cualquiera, y presentado incluso como una manera de “empoderamiento”.

La barbarie neoliberal pretende vendernos como “trabajo” la más horrible de las explotaciones. Pagar por sexo a otra persona es aprovecharse de su condición de desigualdad. En un mundo en el que todo es susceptible de convertirse en mercancía, el dinero concede la posibilidad de dominar al antojo a otra persona, hasta de la intimidad de su cuerpo y de su dignidad.

La izquierda de clase y opuesta a las veleidades del wokismo debe promover que la práctica sexual sea libre, igualitaria, sin mercantilizar el cuerpo y la dignidad de la mujer, sin cosificar ni deshumanizar. Debemos rechazar la normalización social de un ejercicio que no es más que simple y pura violencia.

Por ello estimamos como nuestro horizonte la abolición de la prostitución y la libertad total de la mujer, del mismo modo que nos proponemos como ambición la superación de la explotación entre clases sociales.

La falsa democracia capitalista pretende engañarnos con libertades que no son más que maquillajes que esconden la violencia. Si de verdad quieren ayudar a las mujeres (la mitad del género humano), deben proponer las condiciones para atender sus necesidades laborales, equiparar las condiciones salariales, desechar el estigma que parece exclusivo para las mujeres de las tareas domésticas o del sector “de los cuidados”, ofrecer acceso a la vivienda digna, terminar con los falaces techos de gasto sobre los recursos sociales, proponer una sociedad en paz.

No puede existir verdadera libertad mientras las mujeres se hallen trabadas por los privilegios legales de los hombres. Proponemos desenmascarar a los que hablan de libertad e igualdad para todos mientras existe un sexo oprimido, mientras existan clases opresoras. La abolición de la prostitución es parte de la lucha contra toda posibilidad de oprimir y explotar.

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