Cañones o pensiones

Alexs Gimenez de Soberanía y Trabajo /

Cañones o pensiones

Lo que la charla de Soberanía y Trabajo puso sobre la mesa y nadie quiere escuchar

El 11 de junio, el canal de YouTube de Soberanía y Trabajo emitió una charla-debate que debería haber llenado portadas y abrió con un título que ya es un programa político: “Situación económica y geopolítica internacional y su repercusión en España”. Dos ponentes —Eduardo Luque y Ramón Franquesa— desgranaron durante casi dos horas lo que los medios dominantes se empeñan en ocultar: que el mundo se está reconfigurando a una velocidad vertiginosa, que la unipolaridad estadounidense ha muerto, que la deuda pública española es un arma apuntada a la cabeza de los trabajadores, y que la Unión Europea y la OTAN no son refugio sino cárcel. No fue una charla académica: fue un diagnóstico clínico de un país enfermo que se niega a mirar sus analíticas.

Lo que hizo especial a este debate fue la convergencia de dos miradas complementarias. Eduardo Luque puso el foco en la geopolítica: el hundimiento de la hegemonía estadounidense, la guerra comercial como síntoma de decadencia imperial, y el papel subordinado de Europa como vasallo atlántico. Ramón Franquesa bajó la lupa al terreno económico: la deuda como instrumento de clase, la falsa crisis de las pensiones como caballo de Troya para la privatización, y la pérdida de soberanía monetaria como condena estructural. Dos voces, un mismo diagnóstico: España no tiene futuro mientras siga atada a un orden que se desmorona.

Luque: “Trump no es el problema, es el síntoma”

Luque fue contundente desde el primer minuto. Su tesis central: el orden mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial se ha derrumbado, y los intentos de Estados Unidos por restaurar la unipolaridad están acelerando precisamente lo que quieren evitar. Los datos lo acompañan: EE.UU. ha pasado de representar el 36% del PIB mundial al 26%, mientras China ha escalado del 2,5% al 18,5%. No es una fluctuación coyuntural: es un cambio estructural que ninguna guerra comercial puede revertir. Trump, con su arancelitis crónica, no está frenando a China; está acelerando la desdolarización del mundo, porque cada vez que Washington usa el dólar como arma, los sancionados buscan alternativas. Las reservas en dólares han caído al 58%, un mínimo histórico. Los BRICS ya representan la mitad de la población mundial y están construyendo un sistema de pagos alternativo. No es que el dólar vaya a desaparecer mañana, es que ha perdido su monopolio, y eso lo cambia todo.

Pero Luque fue más allá. La guerra contra Irán no es un episodio más de Oriente Medio, es un punto de inflexión global. El objetivo real no es Teherán, es Pekín. Estados Unidos intenta controlar las reservas energéticas del Golfo Pérsico para estrangular a China, pero Irán está respondiendo elevando el coste del conflicto hasta niveles insostenibles para Washington. Y mientras tanto, Europa importa el modelo de un imperio en declive: militarización, concentración del poder ejecutivo, erosión de libertades. La frase que lo resume: “Cañones o pensiones”. Europa se está rearmando a costa del estado de bienestar. No hay dinero para ambas cosas, y la elección se está haciendo en silencio —sin consultar a los ciudadanos—: más tanques, menos camas de hospital; más misiles, menos jubilaciones dignas.

Franquesa: “La deuda no es un problema económico, es un problema de clase”

Si Luque dibujó el tablero global, Franquesa analizó la pieza envenenada en el centro de la mesa española: la deuda pública. Con 1,74 billones de euros y un 101,6% del PIB, España tiene la deuda más alta de su historia en términos nominales. Pero Franquesa desmontó la narrativa: la deuda no es un fenómeno natural ni una desgracia inevitable, es una decisión política. Y la decisión de mantener una deuda descomunal, denominada en una moneda que España no controla —el euro—, es una condena estructural que encadena al país a los mercados financieros y les otorga poder de veto sobre cualquier política que beneficie a la clase trabajadora.

Su argumento central: la “crisis de la deuda” es una construcción ideológica diseñada para justificar la austeridad y la privatización. Cuando te dicen que no hay dinero para pensiones, no es que no lo haya, es que se ha decidido que el dinero vaya a otra parte. Al servicio de la deuda. A los rescates bancarios. A las empresas de armamento. Sobre las pensiones, fue demoledor: “Están intentando ocultar que han creado una falsa crisis para ceder los fondos de las pensiones a la banca privada.” El sistema de reparto no es insostenible, es un sistema que funciona mientras hay empleo y salarios dignos. Se desmantela deliberadamente el empleo estable, se precarizan los salarios, y luego se utiliza la consecuencia —menos cotizaciones— como prueba de que el sistema no funciona. Es un círculo vicioso diseñado para llegar a una conclusión predeterminada: la privatización.

La desindustrialización como desarme estratégico

La industria manufacturera ha pasado del 18% del valor añadido bruto a principios de siglo al 11,8% en 2024. El empleo industrial ha caído un 25% desde 2000. España se ha convertido en un país de camareros y cuidadoras, con una productividad que arrastra un déficit del 5,4% respecto a la media europea. Luque y Franquesa lo llamaron por su nombre, destrucción industrial, no reconversión. La integración en la UE, con sus normas que prohíben las ayudas estatales a sectores estratégicos, y la pertenencia a la OTAN, que subordina la política industrial a los intereses de Washington, convirtieron la desindustrialización en una consecuencia inevitable. Cuando Trump nos pone un arancel, la respuesta la decide Bruselas, no Madrid. Y la respuesta de Bruselas ha sido básicamente doblar la rodilla. Eso no es soberanía, es sumisión.

Soberanía o sumisión

El punto de convergencia fue claro, sin soberanía no hay solución. No se puede defender la industria sin políticas comerciales propias. No se puede defender el estado de bienestar sin controlar tu moneda y tu deuda. No se puede defender la paz si perteneces a una alianza que te arrastra a guerras ajenas. La propuesta de Soberanía y Trabajo —salida de la UE y la OTAN, recuperación de la soberanía monetaria, reconstrucción del tejido industrial— no es una utopía, es la única alternativa coherente con el diagnóstico. Todo lo demás es gestionar el declive. Y quienes te digan lo contrario —desde el PSOE hasta Podemos— están del lado de los cañones. Solo que no tienen la honestidad de decirlo.

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