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Comunicado de Soberanía y Trabajo: La Lucha Continúa en Palestina y en el mundo

Comunicado de Soberanía y Trabajo: La Lucha Continúa en Palestina y en el mundo

En el contexto de lo que algunos han dado en llamar un «proceso de paz», es imperativo realizar un análisis claro y soberano que parta de la realidad de los hechos y no de la retórica engañosa de los opresores. La situación en Palestina no se define por planes cerrados en despachos lejanos, sino por la lucha heroica de un pueblo que se niega a desaparecer.

En primer lugar, es necesario reconocer un hecho fundamental: la lucha en favor del pueblo palestino y contra el genocidio del ente sionista ha constituido una de las movilizaciones internacionales más exitosas de las últimas décadas. Desde las calles de Londres hasta las universidades de Estados Unidos, pasando por las plazas de América Latina y Asia, las calles y las carreteras de España, los pueblos del mundo se han alzado en una sola voz de solidaridad con Palestina. Esta marea internacional ha logrado poner al descubierto los crímenes sionistas, aislando moral y políticamente a la entidad ocupante y a sus cómplices. Ha quedado demostrado que, a pesar del control mediático hegemónico, la verdad sobre la opresión y la limpieza étnica no puede ser silenciada. La conciencia de la humanidad se ha posicionado, de manera abrumadora, del lado de la justicia.

En segundo lugar, debemos desmontar la falacia del «plan de paz». No estamos ante una iniciativa cerrada, ni mucho menos con las herramientas necesarias para implementar una solución justa. Es, en el mejor de los casos, una farsa y, en el peor, una trampa para legitimar la agresión continúa. La prueba más elocuente de su inviabilidad es que la resistencia armada palestina no ha sido derrotada. Su mera existencia, su capacidad de persistir y de obligar a que se negocie con ella, es un testimonio de su fortaleza. Si el enemigo sionista hubiera tenido la capacidad de aniquilarla por completo, lo habría hecho sin contemplaciones. El hecho de que hoy se vea forzado a sentarse en alguna mesa, por precaria que sea, es una victoria táctica de la resistencia. La derrota habría sido la desaparición silenciosa; la lucha, en cambio, continúa.

En tercer lugar, surge una verdad dialéctica y poderosa de esta confrontación: el débil, al no ser aniquilado, ha vencido. La victoria no se mide solo en términos territoriales inmediatos, sino en la capacidad de un pueblo para mantener viva su causa y exponer la brutalidad de su verdugo. El pueblo palestino, gracias al sacrificio supremo de sus mártires, ha logrado que millones de ojos en todo el mundo vean y comprendan la verdadera naturaleza del imperialismo y el colonialismo modernos. Se ha rasgado el velo de la propaganda. Es crucial entender que Netanyahu y el proyecto sionista no operan en el vacío; son la expresión de un sistema más amplio. Sin la complicidad activa y el respaldo incondicional de potencias occidentales, encarnadas en figuras como Biden y Trump, y sostenidas por una arquitectura de poder global, esta matanza genocida no hubiera alcanzado la escala y la impunidad que hemos presenciado.

En cuarto lugar, debemos recordar la historia para no caer en amnesias convenientes. El ente sionista, desde su fundación sobre la usurpación y la expulsión, ha perseguido, asesinado y despojado sistemáticamente al pueblo palestino. La colonización, la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania y la ocupación militar no son accidentes históricos, sino la esencia misma de su proyecto. Cualquier «plan de paz» que no parta del desmantelamiento de esta estructura de dominación está condenado al fracaso. La falta de voluntad real para una solución justa —que solo puede ser la de un solo Estado palestino soberano y viable con capital en Jerusalén— por parte de Occidente, unida a la sumisión de ciertos regímenes árabes a los dictados de la Anglosfera y sus intereses petroleros y geopolíticos, es la verdadera razón del eterno ciclo de violencia.

Por todo ello, es momento de afirmar con contundencia que la lucha solidaria continúa. El Eje de la Resistencia, a pesar de los golpes recibidos, se está recuperando y reorganizando. Esta es una excelente noticia para todos los pueblos oprimidos. La gran movilización popular internacional no debe decaer ni permitir que especuladores y políticos oportunistas en Europa la dividan o coopten. Nuestra tarea es clara: hemos de seguir, y sobre todo, crear un gran movimiento antiimperialista mundial que enfrente al capital global y sus guerras de rapiña.

Apoyamos las propuestas de una intervención militar que garantice la paz. Integrada por fuerzas militares de estados no implicados en el genocidio ni miembros de estructuras militares que apoyan al ente sionista. Militares de la zona y de estados no beligerantes que garanticen la entrada de ayuda humanitaria y vigilen el alto en fuego tras las fronteras reconocidas de Gaza, todo en base a la propia carta de Naciones Unidas. En estos momentos no se cumple el alto el fuego por parte del llamado Israel, ni se respeta la integridad territorial de Gaza.

Estamos con Palestina y su legítima resistencia armada, porque es un deber moral y político. Y en ese mismo espíritu de solidaridad internacionalista, hoy también estamos pendientes y apoyamos a nuestra hermana Venezuela, una nación que, no por casualidad, lleva años demostrando una solidaridad inquebrantable con la causa palestina, no solo con palabras, sino con hechos y principios. Su lucha contra el imperialismo es la nuestra. La batalla por la soberanía de los pueblos es una sola, y en ella, la victoria final, aunque lejana, es inevitable.

SOBERANÍA y TRABAJO 17-OCT-2025

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